
Hay varios tipos de miedos, uno de estos si se quiere primario,
instintivo, e igualmente necesario, es el miedo a caernos,
a la soledad, a la oscuridad, a golpearnos, a equivocarnos,
y hay otros miedos que son a la corta o a la larga destructivos
para la conciencia de las personas y para el conjunto como sociedad.
El miedo a la vida, a la cotidianidad, al futuro.
Estos son los miedos creados por nuestras propias limitaciones e ignorancias,
por las necesidades de los círculos de poder, por la incapacidad de estos
círculos de poder y de la sociedad toda por darse, por pensar nuevas
formas de participación y gestión democrática que nos permitan conocer
qué pasa en nuestra cotidianidad: porqué el salario no me alcanza, porqué
no tengo buena vida, porqué no puedo viajar, porqué no tengo salud,
educación, porqué no puedo garantizarme una vida decorosa,
garantizar una vejez segura, una familia feliz. Muchas veces la desesperación
por sobrevivir nos agobia, nos preguntamos si podremos soportar los
modelos económicos que nos imponen, etc.
Y todas estas dudas cotidianas, estas aspiraciones insatisfechas nos llevan
progresivamente a la desconfianza, a la agresión, a desarrollar fobias,
conductas inadecuadas, a la soledad, inmovilidad, sumisión, impotencia,
cobardía... locura.

