
Y la flor dijo en medio de un bostezo:
- ¡Ah!, acabo de despertarme...Perdóname...Todavía estoy toda despeinada...
- ¡Qué hermosa eres!
- ¿Verdad? - respondió suavemente la flor-. Y he nacido al mismo tiempo que el sol...
"No debí haberla escuchado - me confió un día El Principito -; nunca hay que escuchar a las flores. Hay que mirarlas y aspirar su aroma. La mía perfumaba mi planeta..."
Y me confió aún:
"No supe comprender nada entonces. Debí haberla juzgado por sus actos y no por sus palabras. Me perfumaba y me iluminaba. Debí haber adivinado su ternura. ¡Las flores son tan contradictorias! Pero yo era demasiado joven para saber amarla."
Y cuando regó por última vez la flor, y se dispuso a ponerla al abrigo de su globo, descubrió que tenía deseos de llorar.
- Adiós- dijo a la flor. Pero la flor no contestó.
- Adiós- repitió. La flor tosió. Pero no por el resfrío.
-He sido tonta -le dijo por fin-. Te pido perdón. Procura ser feliz.
Quedó sorprendido por la ausencia de reproches. Permaneció allí, desconcertado.
- Pero, sí, te quiero -le dijo la flor-. No has sabido nada, por mi culpa. No tiene importancia. Pero has sido tan tonto como yo. Procura ser feliz...
- Es preciso que soporte dos o tres orugas si quiero conocer a las mariposas. ¡Parece que es tan hermoso! Si no, ¿quien habrá de visitarme? Tú estarás lejos.
Después agregó:
- No te detengas más, es molesto. Has decidido partir. Vete.
Pues no quería que la viese llorar. Era una flor tan orgullosa...
En sus memorias la musa inspiradora del libro de Saint-Exupery inserta la siguiente cita del escritor y aviador francés:
Dame tu pañuelo para que escriba la continuación de El Principito, en la que ya no serás una rosa con espinas sino la princesa... Y te dedicaré ese libro...