
Hace muy buen día. El cielo barrido de nubes y todo está un poco gris pero hace muy buen día...
Me he levantado muy pronto y de la emoción he metido el cepillo de dientes en el horno y me he lavado el pelo con mermelada... hay veces en las que no coordino.
Tras tardar el doble por tener que rehacer lo que la emoción me ha hecho hacer mal, he dado un beso en los brackets, un apretón de mano (y un abrazo que me ha dado penita) a los amigos y he acariciado las hojas de mis plantas.
Me pican los intestinos... de pequeña ya me pasaba. Mi madre dice que a eso se le llaman nervios... no sé... el caso es que me pican: me pican los nervios.
Supongo que me pican los intestinos porque he empezado a preparar mi viaje.
Me encanta prepararme para hacer algo que me apetece hacer.
Para preparar un viaje lo primero es tumbarse en la cama y pensar e imaginar qué te pasará. Para mi es prioridad... ¿Qué me pasará?...
Mi avioneta estará limpia y será la más coqueta en el cielo. Esquivaré a las nubes para no romper los juegos de los niños que desde tierra piensan en a qué se parecen. Me despeinaré con el viento y así el pelo estará más alborotado (odio mi pelo liso). Llegaré al sur y veré unas montañas agujeradas muy grandes. El suelo será blando porque habrá llovido antes de mi llegada. Las mujeres estarán sentadas en balancines fuera de su casa y me saludarán con la mano cuando pase. Mi amiga sonreirá mucho los primeros días, luego se cansará un poco de mi y me pondrá mala cara y al final todo volverá a la normalidad y estaremos muy contentas. Me saldrá una ampolla porque mi amiga querrá que vayamos a subir montañas todo el día...
Ya está... ahora si, que si.
He ido hasta la azotea y me he subido a la avioneta.
1, 2 y 3... ya estoy en el aire...